Hacía diez días que Ludmila Silva Souza Oliveira, una estudiante brasileña de 22 años que vive en Buenos Aires, no respondía los llamados a su celular ni los mails. Preocupada, su amiga y compatriota Davonara Barra decidió hacer la denuncia en la Comisaría 17a. Cuando los policías ingresaron al departamento de Recoleta, donde Ludmila vivía con una compañera de cuarto angoleña, se quedaron sin palabras: la joven estaba siendo sometida a un rito satánico.
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